Domingo 22 de Diciembre

Apolo VIII

Lugar: Estados Unidos

Palabra de Dios: Génesis 1:1-4; Salmo 19:1 22 de

En diciembre de 1968, los Estados Unidos lanzaron el Apolo VIII, que entró en órbita alrededor de la luna. Fue la primera misión tripulaba que logró esto. A bordo, iban tres astronautas: Wílliam Anders, Jim Lovell y Frank Borman. La misión llevó siete días, e incluyó diez vueltas alrededor de la luna.

¿Puedes imaginar lo que habrá sido ver la Tierra desde una distancia tan lejana? Los tres astronautas filmaron la Tierra y la luna, para transmitirlo por televisión. Y, mientras transmitían las imágenes, William Anders declaró: “Para todos los habitantes de la Tierra, los tripulantes del Apolo VIII, tenemos un mensaje que queremos enviarles”.

Y entonces comenzó a leer Génesis 1: “Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra. La tierra era un caos total, las tinieblas cubrían el abismo, y el Espíritu de Dios iba y venía sobre la superficie de las aguas. Y dijo Dios: ‘¡Que exista la luz!’ Y la luz llegó a existir. Dios consideró que la luz era buena y la separó de las tinieblas” Jim Lovell continuó leyendo el relato de la Creación. Frank Borman también leyó algunos versículos, antes de agregar: “Y la tripulación del Apolo VIII cerramos, deseándoles buenas noches, buena suerte y ¡feliz Navidad! Dios bendiga a todos; a todos ustedes, en la buena Tierra”.

Cuando Anders, Lovell y Borman vieron la asombrosa escena desde el espacio exterior, no fue sorprendente que sus mentes se volvieran al Creador. Después de todo, “Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento proclama la obra de sus manos”

Lunes 23 de Diciembre

Nosotros no pelear

Negociad entre tanto que vengo. Lucas 19:13.

Como adventistas del séptimo día, tenemos una obra que cumplir en testificar por Cristo… Si el Señor ha de venir pronto, comience a actuar decisiva y determinadamente, y con interés intenso a fin de mejorar los recursos de las instituciones, para que pueda efectuarse una gran obra en poco tiempo.

Quienes se han aliado con el mundo deberían atender la invitación del Señor. El dice: “Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo” (2 Cor. 6:17)… Los brillantes rayos del Sol de justicia han de brillar sobre ustedes, para que sean hermoseados con la santidad.

¿Habremos de decir ahora que no necesitamos recursos? ¿Que todo lo que necesitamos es fe? La fe genuina es una base para la conducta, y las obras aparecerán como una prueba de este agente en el alma. Usted debe redoblar sus esfuerzos, redoblar sus fuerzas de trabajo…

Debe hacerse una gran obra por todo el mundo; y que nadie se ufane de que porque el fin está cerca, no hay necesidad de hacer esfuerzos especiales para edificar las varias instituciones según demande la causa… Todos han de ser obreros, pero la carga más pesada de responsabilidad recae sobre los que tienen el mayor talento, los mayores recursos, la oportunidad más abundante. Hemos de ser justificados por la fe y juzgados por nuestras obras.

Cuando el Señor nos pida que depongamos la armadura y cejemos en nuestros esfuerzos por establecer escuelas, por construir instituciones para el cuidado de los enfermos, para amparar a los huérfanos y los desamparados, y para el consuelo de ministros agotados, será la hora de cruzar las manos y dejar que el Señor concluya la obra. Pero ahora es nuestra oportunidad de mostrar nuestro celo por el Señor…

Además de todo esto, Dios pide misioneros del hogar. Que cada alma se niegue a sí misma, lleve la cruz y se dedique mucho menos a la gratificación del yo, para que haya agentes vivos y activos en todas las iglesias. Una fe menos abarcante que esta niega el carácter cristiano. La fe del evangelio es aquella cuyo poder y gracia tienen autoría divina. Por eso, hagamos manifiesto que Cristo mora en nosotros, al dejar de gastar dinero en vestidos y en cosas innecesarias, cuando la causa de Cristo está paralizada por falta de recursos, cuando no se pagan las deudas de nuestros edificios de reunión y la tesorería está vacía. “Por sus frutos los conoceréis”(Mat. 7:20). ¿Acaso no seguiremos el ejemplo de Aquel que por nosotros se hizo pobre, para que por su pobreza nosotros fuéramos enriquecidos? -General Conference Bulletin, 4o trimestre de 1896, pp. 765-768.

Martes 24 de Diciembre

 Feliz Navidad

 Lugar: Colorado, EE.UU.

Palabra de Dios: Mateo 6:3,4

Tara, de siete años, y sus cuatro hermanos y hermanas se reunieron en la sala. Por la mirada seria de sus padres, podían darse cuenta de que algo andaba mal.

-Lo lamentamos, chicos -comenzó la mamá-, pero me parece que este año no habrá regalos para Navidad.

Tara trató de no sentirse chasqueada, mientras su papá explicaba la situación.

-Con todos los gastos médicos que tuvimos por la cirugía de rodilla que tuve, y porque no pude trabajar durante casi todo el año, no tenemos suficiente dinero.

Llegó el día de Navidad, y ellos hicieron lo mejor posible por estar alegres. La mamá recordó a los niños que tenían muchas razones por las cuales estar agradecidos. Después de todo, todavía tenían una casa calentita en la cual vivir, y tenían comida. En algún momento de la mañana, sonó el timbre.

-Yo abro -dijo Tara, corriendo hacia la puerta.

Pero, cuando la abrió, no había nadie allí; solo una caja grande en el porche.

-¡Mamá, papá, vengan! -llamó Tara- Alguien dejó una caja envuelta con papel navideño. ¿Podemos abrirla?

Todos se reunieron en la sala y abrieron la caja. Adentro, había juguetes, ropa y comida para toda la familia. Aparentemente, alguien se había enterado de la situación que vivían y había decidido ayudar.

Tara nunca olvidó el día de navidad de 1980 y el gozo que alguien les regaló. La familia nunca pudo descubrir quién dejó esa caja frente a su casa esa mañana, pero estoy segura de que el dador anónimo también se sintió bendecido. Cierta vez, dijo Jesús: “…cuando des a los necesitados, que no se entere tu mano izquierda de lo que hace la derecha, para que tu limosna sea en secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará”.

Miércoles 25 de Diciembre

Sorpresa de Navidad

Lugar: Tennessee, EE.UU.

Palabra de Dios: Mateo 1:23

La señora Peterson estaba acomodando los regalos debajo del árbol de Navidad cuando sonó el teléfono. Corrió a contestarlo, pues no quería que despertara a sus hijos.

-Hola -dijo.

Era su esposo.

-Llegaré mañana por la mañana a casa -le dijo, explicándole que le habían dado algunos días libres por Navidad.

Estaba en Nueva York, y llegaría a su casa en algunas horas.

La idea de ver a su esposo nuevamente llenó de alegría a la señora Peterson. La familia no lo había visto en varios meses, porque estaba trabajando como capellán del ejército en el exterior. Los niños se pondrían muy, muy felices.

Cuando la señora Peterson volvió a su tarea de acomodar los regalos, se le ocurrió una idea. Sacó todos los regalos que había puesto debajo del árbol; cuando su esposo llegó, le contó lo que tenía en mente. Justo antes de que los chicos se despertaran, el señor Peterson se acostó debajo del árbol y se cubrió con una sábana.

-¡Regalos! -gritaron los chicos, corriendo escaleras abajo.

Cuando sacaron la sábana, hubo gritos de alegría, y abrazos y besos.

-Papá, ¿qué estás haciendo aquí? -exclamaron.

Se olvidaron de los demás regalos, en su emoción por tener de vuelta a su papá en casa. Los chicos se dieron cuenta que tener a alguien a quien amaban era el mejor regalo de todos.

Nosotros también hemos recibido un maravilloso regalo de Navidad: alguien que nos ama. El libro de Mateo dice: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel (que significa ‘Dios con nosotros’)”.

¿No es maravilloso? Jesús vino a la Tierra como un pequeño bebé. Lo hizo por ti y por mí. Sí, ¡el mejor regalo es Dios con nosotros!

Jueves 26 de Diciembre

 Una larga vida

Lugar: Japón

Palabra de Dios: 1 Juan 2:25

-¡Feliz cumpleaños, señor Izumi!

El anciano respondió saludando con la mano. Era el 29 de 1985, y sus amigos y familiares estaban pasando a saludar a Shigechiyo Izumi para desearle un feliz cumpleaños.

Esta no era una fiesta común de cumpleaños. De acuerdo con los informes del censo, el señor Izumi había nacido en 1865. Si el señor Izumi hubiera tenido una torta de cumpleaños, habría tenido muchas velitas que encender: 120. Probablemente, era el hombre de más edad en todo el mundo, en esa época.

¿Puedes imaginar lo que es vivir tanto tiempo? Durante los 120 años de su vida, se inventaron muchas cosas nuevas, como la luz eléctrica, las computadoras, Internet, y electrodomésticos que nosotros damos por sentado, como el teléfono, el aire acondicionado, los tostadores y los hornos a microondas. Había estado vivo cuando se hundió el Títanic, durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial, y  cuando el hombre llegó a la luna por primera vez.

Hoy, gracias a los avances de la medicina y el aumento del conocimiento acerca de la salud y el estilo de vida, las personas viven más tiempo. El promedio de vida está entre los 70 y los 80 años, en los países desarrollados. Pero, todavía estamos muy lejos de vivir tanto tiempo como vivían las personas antes del diluvio. Génesis 5 nos informa que Adán vivió 930 años; Set vivió 912 años; Enós vivió 905 años; Cainán, 910 años; y la lista continúa.

Pero, vivir aun más de 900 años palidece en comparación con vivir eternamente. Eso es lo que Dios promete a sus hijos. No cientos de años o miles de años; ni siquiera millones de años, sino para siempre.

Eternidad. “Ésta es la promesa que él nos dio: la vida eterna”. Sí, Dios quiere pasar la eternidad contigo y conmigo.

 

Viernes 27 de Diciembre

 

 

Sábado 28 de Diciembre

 

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